FAMILIASSIGLOXXIEL TESTAMENTO

Artículo escrito por Óscar Calvo en su sección "Consultorio Legal "

Revista FAMILIAS SIGLO XXI

Article "The will" writed by Oscar Calvo, magazine Families XXI Century

 

Óscar Calvo Abogados-LawyersÓscar Calvo Abogados-Lawyers

Óscar Calvo Abogados-Lawyers

 

EL TESTAMENTO

 

CONSULTORIO LEGAL

 

De las preguntas realizadas por nuestros lectores, hemos seleccionado aquéllas que suscitan un mayor interés.

¿Realmente piensa Usted que es conveniente realizar un testamento?

Todos nos vamos a morir. Es una obviedad, pero aunque parezca mentira, los españoles no nos lo terminamos de creer y tendemos a pensar que en nuestro caso será diferente y que algún milagro ocurrirá. Incluso las personas de fuerte convicción religiosa olvidan que Lázaro también se volvió a morir.

Decimos esto porque queremos hablar de la importancia de hacer un testamento, y de hacerlo bien. En nuestra cultura, en nuestra tradición, se combinan dos razones para que los españoles seamos tan reacios a hacer testamento: la primera es lo que socialmente se conoce como “cenizo o gafe”, es decir, la convicción social de que si hacemos un testamento nos morimos, o que si no lo hacemos en realidad estamos retrasando el momento temido. La segunda tiene que ver con nuestro sistema legal, aunque la gente no lo sepa: la Ley, con carácter supletorio, es decir, en ausencia de testamento, ya previene qué es lo qué ocurrirá con nuestros bienes cuando muramos.

Ciertamente ninguna de las dos razones son de suficiente entidad como para que desatendamos un deber, que por el bien de aquéllos a los que más queremos deberíamos cumplir cuanto antes.

En una conversación con unos amigos acerca justamente de hacer un testamento, nos surgió la siguiente duda: ¿Qué podemos incluir en el testamento que realizamos, sólo quiénes serán nuestros herederos o podemos poner más cosas?

 

En realidad el testamento nos da mucho juego, y sobre todo para quienes sean “creativos”; en él podemos decidir qué queremos que se haga con nuestro cuerpo, con nuestra alma y con nuestros bienes.

- Con respecto a nuestro cuerpo, porque si es nuestro deseo donarlo para la ciencia, o que sea incinerado, o que las cenizas en su caso se arrojen a aquella cala en la que pasábamos nuestros veranos cuando éramos niños, en él, en el testamento, podemos dejarlo dicho.

- Y con respecto al alma ( que puede habernos resultado chocante en una primera lectura ), porque también podemos indicar a nuestros herederos, que es nuestro deseo que misas, o liturgias de cualquier otra índole, hayan de celebrarse con cargo a nuestros bienes, durante el tiempo y el modo que tengamos por conveniente. Aún se dicen en el Monasterio de El Escorial por el eterno descanso del alma de Felipe II. Cada uno de nosotros sabrá al hacer su testamento, cuantos años considera que deberán repasarse su nombre y su memoria en una Iglesia, para poder obtener el eterno descanso.

- Y en lo que a nuestros bienes se refiere, podemos a través de nuestro testamento adjudicarlos como tengamos por conveniente sin más límite que los que la Ley nos marque (y de lo que otro día hablaremos). Será el momento en que si sentimos que podemos premiar a quien ha sido más leal y abnegado con nosotros lo llevemos a cabo, sin el riesgo de tener que ver la cara o sentir los reproches de quien, también cercano a nosotros, considera injusta nuestra decisión. Cuando éste se entere, será tarde para que nadie nos pueda decir nada. También será buena ocasión para evitar que nuestros beneficiarios hayan de enzarzarse en pleitos sin fin, puesto que si hemos decidido que el reloj de oro del abuelito vaya para la niña pequeña de nuestro hijo mayor, no habrá nuera ni yerno que pueda remover tal decisión; el reloj al final irá para la niña, y aquí paz y después gloria.

¿Y si luego cambio de opinión y quiero cambiar el testamento?

- Sólo hay un testamento válido: el último que hayamos hecho. Eso significa que de la misma manera que la vida es cambiante, y que a quien hoy amamos, mañana tal vez no, también nuestra voluntad de disposición testamentaria puede ser cambiante, y a quien hoy queríamos premiar en nuestro testamento, tal vez mañana no. Y para ello tan solo tenemos que hacer un nuevo testamento. No hay que darle explicaciones a nadie: ni al Notario, ni a quien quitamos, ni a quien ponemos. Cuando muramos, ni siquiera tendrán conocimiento nuestros herederos de cuántos testamentos hicimos, ni de qué decían los anteriores. Sólo se abrirá el último, y nuestros vaivenes afectivos quedarán escondidos junto a nuestra memoria. Existe la creencia de que si en un testamento hemos designado como beneficiario a alguien a quien hoy ya no queremos, hay que ir a “desheredarlo”. Nada más lejos de la realidad. Si ya no queremos que sea partícipe de nuestra voluntad cuando hayamos muerto, simplemente hemos de acudir a un Notario, y hacer otro testamento.

- Tampoco necesitamos ir a hacer el nuevo testamento al Notario anterior. Podemos ir al que queramos y no necesitamos decirle nada al anterior. Como decíamos antes, el único testamento válido es el último.

- Y todo quedará en secreto. Testar es uno de esos actos que se conocen como “personalísimos”, es decir, que nadie puede hacer por cuenta del interesado. Ni su esposa, ni su abogado, ni quien tenga toda la confianza de la persona. Cuando testamos se produce una situación muy parecida a la del momento en que votamos. Todos pueden creer una cosa u otra, pero la verdad sólo la conoce el que está dentro de la cabina introduciendo la papeleta en el sobre. Igualmente ocurre con nuestro testamento. A veces una pareja va al mismo tiempo al Notario para hacer un testamento. Descubren que no pueden hacer uno, sino dos: uno por cada uno. Se marchan tan contentos a su casa, creyendo que ya todo está bien atado. Pero al día siguiente uno de ellos acude a otro Notario y hace otro testamento.

¿Cuánto cuesta hacer un testamento?

 

Suele pensarse que el Notario nos va a cobrar un montón. Puesto que la única vez que los ciudadanos suelen ir al Notario es para comprar su vivienda (con hipoteca incorporada), es creencia extendida la de que la factura que se pagó en la Notaría por ambas escrituras será más o menos como la que ha de pagarse por hacer un testamento.

Pues bien, nada más lejos de la verdad. Un testamento normal cuesta entre 30 y 40 euros, y si lo llenamos de “caprichos” que alargan excesivamente el texto del documento puede llegar a costar un máximo de 60 euros. Si lo pensamos bien, realmente hay pocas cosas que resulten tan inexplicables de justificar como el no haber hecho un testamento para no incurrir en gastos. 

¿Qué pasa si no hago un testamento?

Si no hacemos testamento, en vez de asignarse los bienes tal y como de verdad queremos, se determinará por Ley, y en este caso, todos los coherederos pasarán a ser copropietarios y codeudores de cada una de nuestras cosas que se queden aquí cuando muramos, y por lo tanto podemos estar seguros de que dejaremos a nuestros herederos embarcados en interminables y agotadoras guerras que acabarán arruinando sus bolsillos, y con los hermanos, hijos, cuñados y demás parentela, sin dirigirse la palabra. Me cuesta creer que ni tan siquiera uno solo de los lectores de estas notas no conozca al menos una familia en la que se da la situación que acabo de describir. Todos contra todos, porque papá nunca fue a hacer un testamento.

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